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Mas Grau

Mas Grau

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Carr. Estañol, 140, 17182 Bescanó, Girona, España
Hospedaje
9.6 (120 reseñas)

En el sector del turismo rural, algunos establecimientos dejan una huella imborrable, no solo por la calidad de sus instalaciones, sino por el alma que albergan. Mas Grau, una masía fortificada ubicada en Bescanó, Girona, fue uno de esos lugares. Hoy, el cartel de "Cerrado Permanentemente" pesa sobre su legado, invitando a una reflexión sobre qué la hizo tan especial y qué circunstancias llevaron a su cese. Este no es un análisis para futuros huéspedes, sino una crónica de un alojamiento que, durante años, fue un referente en la provincia.

Emplazada en un entorno privilegiado, en una ladera boscosa con vistas al pueblo medieval de Estanyol, Mas Grau era mucho más que una simple casa rural. Su historia se remonta al siglo XII, construida sobre los restos de un antiguo fortín medieval que sobrevivió a terremotos y al paso del tiempo. Esta profunda carga histórica se sentía en sus muros de piedra y su arquitectura tradicional catalana, restaurada con acierto en 1980 por el arquitecto Joan M. Ribot, quien supo mantener la esencia del lugar mientras lo adaptaba a las comodidades modernas.

Instalaciones y Servicios: El Atractivo de un Resort Rural

Lo que distinguía a Mas Grau de otros hoteles rurales era su impresionante oferta de ocio y bienestar, más propia de un pequeño resort rural privado. Las reseñas de antiguos clientes pintan una imagen clara: no había momento para el aburrimiento. La propiedad contaba con una generosa piscina, ideal para los veranos, una zona de jacuzzi y sauna para la relajación total, y hasta un hammam. Para los más activos, disponía de pista de pádel, voleibol y bádminton, además de espacios interiores con ping-pong, futbolín y billar. Esta combinación la convertía en una opción perfecta para grandes grupos de amigos y familias con niños, que encontraban en sus 105 hectáreas de terreno un universo de actividades sin necesidad de salir de la finca.

La casa, con capacidad para hasta 18 personas, estaba equipada para garantizar una estancia cómoda y autónoma. Disponía de múltiples dormitorios, varios baños, una cocina completa con todo tipo de electrodomésticos, barbacoa exterior y amplias zonas comunes. Detalles como el Wi-Fi, múltiples televisores y calefacción aseguraban el confort en cualquier época del año. Los comentarios de los huéspedes son unánimes en este aspecto, destacando que la masía estaba "estupendamente equipada" y "cumplió todas nuestras expectativas".

Una Experiencia Marcada por el Entorno y la Hospitalidad

Más allá de sus completas instalaciones, el gran valor de Mas Grau residía en su conexión con la naturaleza. Rodeada de prados, campos de cultivo y bosques, ofrecía un escenario idílico para la desconexión. Los visitantes elogiaban las "vistas espectaculares" y las múltiples oportunidades para realizar caminatas y disfrutar del paisaje del Gironès. La sensación de paz y aislamiento, a pesar de estar a pocos kilómetros de Girona capital, era uno de sus puntos fuertes más recurrentes en las valoraciones.

La atención al cliente también jugó un papel fundamental en su éxito. Una de las reseñas narra cómo Josep, uno de los responsables, no dudó en salir con su propio coche a buscar a unos huéspedes que se habían perdido. Este tipo de gestos definen la verdadera hospitalidad y son los que forjan una reputación sólida y una clientela fiel, clave en el competitivo mundo de los hoteles en Girona.

El Punto de Inflexión: Un Cambio de Alma

A pesar de un historial de éxito y una valoración media de 4.8 sobre 5 con más de 100 opiniones, algo cambió en la trayectoria de Mas Grau. Una de las reseñas más reveladoras, la de una clienta que visitó el lugar durante más de 15 años, ofrece una perspectiva crucial. Relata con nostalgia la época de la primera dueña, Conxita, quien le dio "un toque muy personal" a la masía. Según su testimonio, un cambio de propietarios trajo consigo una nueva filosofía. Aunque el lugar seguía estando bien, había perdido parte de su esencia original, transformándose en algo con "más lujo" pero menos auténtico.

Este testimonio apunta a un fenómeno común en la gestión de hoteles con encanto: el delicado equilibrio entre la modernización y la preservación del carácter. Para los clientes más leales, el encanto de Mas Grau no residía solo en su jacuzzi o su pista de pádel, sino en una atmósfera genuina que, aparentemente, se fue diluyendo. Aunque no se puede afirmar que este cambio fuera la causa directa de su cierre definitivo, sí representa una fractura en la percepción de al menos una parte de su clientela más veterana, que buscaba una experiencia rural específica y dejó de encontrarla.

Legado de un Referente Cerrado

Hoy, Mas Grau ya no admite reservas. Su página web sigue activa, como un eco digital de lo que fue, mostrando imágenes de un lugar lleno de vida. Su cierre representa una pérdida para la oferta turística de la zona. Fue un ejemplo de cómo una propiedad histórica puede convertirse en un destino de primer nivel, combinando patrimonio, naturaleza y una oferta de ocio excepcional. Las decenas de opiniones positivas que aún se pueden leer online son el testamento de los buenos momentos que proporcionó a familias y grupos de amigos.

En definitiva, la historia de Mas Grau es una de éxito y, finalmente, de cierre. Sirve para recordar que la excelencia en los hoteles no solo se mide en estrellas o en la lista de servicios, sino también en factores intangibles como la personalidad y el trato humano. Aunque sus puertas estén cerradas, el recuerdo de esta espectacular masía fortificada de Bescanó perdura en la memoria de quienes tuvieron la fortuna de disfrutarla en su máximo esplendor.

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