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Hotel El Mirador de Ordiales

Hotel El Mirador de Ordiales

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Ordiales-11B-Siero Asturias Ordiales-11B-Siero Asturias 33519 Ordiales, 33519 Careses, Asturias, España
Hospedaje
10 (115 reseñas)

En el paisaje de alojamientos asturianos, algunos establecimientos dejan una huella imborrable no solo por su estructura o servicios, sino por el alma que contienen. Este fue el caso del Hotel El Mirador de Ordiales, un refugio en Siero que, a pesar de su cierre permanente, sigue vivo en el recuerdo de sus huéspedes como un ejemplo de hospitalidad y conexión con la naturaleza. Analizar lo que fue este hotel es entender qué buscan muchos viajeros en el Principado: una experiencia auténtica, personal y profundamente arraigada en el entorno.

Es fundamental empezar por la noticia más relevante para cualquier persona que busque información sobre este lugar: el Hotel El Mirador de Ordiales ha cesado su actividad de forma definitiva. Ya no es posible reservar hotel en esta ubicación, y su página web ya no está operativa. Esta realidad, sin duda el mayor punto negativo, da paso a una retrospectiva sobre lo que lo convirtió en un destino con una calificación perfecta de 5 estrellas basada en casi un centenar de opiniones.

Un Santuario de Paz con Vistas Inolvidables

El principal atributo del hotel, como su propio nombre indica, eran sus vistas. Situado en Ordiales, una pequeña aldea perteneciente al concejo de Siero, el establecimiento ofrecía una panorámica espectacular de un valle verde y las montañas que lo circundan. Las reseñas de quienes se alojaron allí describen de forma recurrente la sensación de despertar y contemplar el amanecer desde la propia cama, una imagen que se convertía en el punto álgido de su estancia. Este no era un simple hotel rural; era un balcón a la esencia del paisaje asturiano. La tranquilidad era su banda sonora, donde el silencio solo era interrumpido por los sonidos de la fauna local, como vacas y ovejas, creando un auténtico oasis para la desconexión.

Esta ubicación, aunque remota, era considerada estratégica. Funcionaba como un "campo base" ideal para recorrer la región. Su posición céntrica en Asturias permitía a los visitantes desplazarse con relativa facilidad a los principales puntos de interés, combinando el aislamiento y la paz del campo con la posibilidad de hacer turismo activo. Esta dualidad es una de las características más valoradas en los mejores hoteles de corte rural.

La Hospitalidad Personificada en María

Si las vistas eran el escenario, la protagonista indiscutible de la experiencia en El Mirador de Ordiales era su propietaria, María. Su nombre aparece en prácticamente todas las valoraciones como el pilar fundamental del éxito del hotel. Los huéspedes no la describen como una simple gerente, sino como una anfitriona excepcional, una persona "encantadora", "maravillosa" y "cercana" que se desvivía por hacer que cada estancia fuera perfecta. Su atención al detalle, sus recomendaciones personalizadas para visitar lugares y su capacidad para hacer que los viajeros se sintieran "como en casa" son elementos que diferenciaban a este alojamiento con encanto de cualquier otro.

Este trato humano y personalizado es, a menudo, el factor decisivo en la hostelería a pequeña escala. Mientras los grandes hoteles compiten en servicios e infraestructuras, establecimientos como este lo hacían en calidez y autenticidad, creando un vínculo emocional con sus clientes que perduraba mucho después del check-out.

Habitaciones y Desayunos: Sencillez Cuidada y Sabor Casero

El hotel se definía como "informal", con habitaciones sencillas pero, según sus visitantes, "cuidadas hasta el último detalle". La limpieza y el confort eran impecables, diseñadas para potenciar el descanso y la desconexión. No se trataba de un alojamiento de lujo ostentoso, sino de un lugar donde la calidad residía en la funcionalidad, la comodidad y la atmósfera acogedora. Para una escapada romántica en un hotel, la paz del entorno y el cuidado en los pequeños detalles eran más que suficientes.

Otro de los aspectos más elogiados eran los desayunos. Calificados por algunos como "los mejores de Asturias", se basaban en productos caseros, abundantes y de gran calidad. Este servicio reforzaba la sensación de estar en un hogar, lejos de los buffets estandarizados. El mimo puesto en la primera comida del día sentaba las bases para una jornada de disfrute, consolidando la reputación del hotel como un lugar donde se cuidaba al huésped de forma integral.

Los Posibles Inconvenientes y la Realidad de su Cierre

A pesar de su valoración perfecta, es posible inferir algunos aspectos que podrían no haber sido del gusto de todos los perfiles de viajero. Su ubicación aislada, una bendición para quienes buscaban paz, podría haber sido un inconveniente para aquellos menos acostumbrados a las carreteras rurales o que prefirieran tener servicios accesibles a pie. La sencillez de sus instalaciones, aunque parte de su encanto, probablemente no cumpliría las expectativas de quienes buscan el lujo y la opulencia de hoteles de alta gama con spa, gimnasio o una amplia carta de servicios.

Sin embargo, el único y verdadero punto negativo en la actualidad es su cierre. El hecho de que un negocio tan querido y con una reputación intachable ya no exista es una pérdida para la oferta turística de la zona. Las razones detrás de su cese no son de dominio público, pero su legado permanece como un caso de estudio sobre cómo la pasión por la hospitalidad y el respeto por el entorno pueden crear experiencias de viaje memorables y altamente valoradas.

Un Legado de Excelencia

el Hotel El Mirador de Ordiales fue un claro exponente de lo que significa un alojamiento con encanto. Su éxito no se basó en el lujo material, sino en la combinación de un entorno natural privilegiado, una ubicación estratégica y, sobre todo, un servicio humano excepcional que trascendía lo profesional para convertirse en algo personal. Aunque ya no reciba visitantes, la historia de este hotel sigue siendo una referencia para viajeros y hoteleros, demostrando que la verdadera esencia de un gran alojamiento reside en la capacidad de crear recuerdos felices y duraderos. Fue, como lo describió un cliente, un "sueño cumplido" que ahora forma parte de la memoria del turismo asturiano.

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